La obra de Elena muestra el reflejo de un viaje, que vivido o imaginado, es recreado a través, de los objetos de los que nos servimos para verlos. En este juego de transposiciones ronda continuamente la idea del suvenir, con todo lo que este concepto arrastra, y con toda la ironía de asimilarlo con las manidas gafas de pasta como elementos de una precaria modernidad de la que necesitamos reírnos un rato.
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